Reportaje: Sobreviviente del fuego
SALTILLO, COAH. ENERO 25, 2004 Imelda Montemayor VANGUARDIA

A las 7:30 horas del 26 de mayo de 1997 Ariel González Galindo cumplió
BSTTW
Translations
una cita descarnada con la desdicha. Tenía 45 años y más de 30 tocando la guitarra. No imaginaba que a la vuelta de dos minutos estaría envuelto en llamas, ni lo más doloroso: que sus dedos quedarían fundidos.

Ariel González

Había pasado un día completo fuera de la ciudad y estaba de regreso muy temprano en su casa ubicada en la Colonia Magisterio. Cuando está a punto de abrir la puerta principal percibe un intenso olor a gas y entra con cuidado sin cerrar. Por precaución no enciende la luz y va hacia la expectativa y directo a abrir la puerta posterior para que se ventile. La primera ráfaga de gas butano que sale se encuentra de inmediato con el piloto encendido del bóiler y un vómito de fuego azul se le viene encima.

CLICK TO DONATE TO BSTTW

Luego explota el gas contenido dentro de la vivienda y todo vuela en pedazos. El techo se quiebra como galleta. Las paredes se derrumban. Todos los muebles, las ventanas y las protecciones quedan deshechas y el cuerpo de Ariel, ardiendo, yace debajo de escombros al rojo vivo.

Los vecinos se acercan horrorizados y, mientras llega la ambulancia, es Tony quien se decide a entrar a sacarlo aunque el resto de los reunidos tiembla por la presencia de otros tanques de gas cercanos. "Lo agarré de atrás de los hombros para levantarlo y se me vinieron en las manos pedazos de su espalda"…

Tony corre a buscar toallas y sábanas mojadas y regresa al infierno a envolver a Ariel, logra subirlo en una camioneta que a toda velocidad llega a la Cruz Roja. Ahí se estremecen al verlo y dicen que no pueden darle atención, que lo lleven al Hospital Universitario.

Cumplió ocho días en terapia intensiva de ese hospital sin lograr salir de peligro y con una amenaza de gangrena y salmonela acechando muy cerca. Uno de los médicos dijo que había que amputarle el brazo derecho, entonces su familia movió los mares y las montañas para conseguir que fuera atendido en un hospital especializado en Galveston, Texas. Vino un avión a recogerlo al aeropuerto de Ramos Arizpe y llegó a Estados Unidos agonizante.

En The Burn Unit determinaron que tenía quemaduras de segundo y tercer grados en el 65 por ciento de su cuerpo. Después de 29 días recuperó la conciencia porque sintió unos estirones en los dedos y se preguntó dónde estaba.

Al enterarse de su suerte, especialmente de que los dedos de sus manos estaban convertidos en una masa amorfa, entró en estado de shock durante un mes y a la vez fue teniendo que enfrentar dolorosas curaciones que sólo podía tolerar un poco gracias a las inyecciones de morfina.

"Recuerdo el cuarto donde me raspaban la piel, me quitaban las grapas con que me sellaban los injertos y me bañaban. Otmar Lietber era el médico encargado, apenas me metía y encendía muy fuerte un estéreo con música de Paco de Lucía, porque había investigado que era mi favorita y sobre todo para que los familiares no oyeran afuera mis gritos".

Al principio, Ariel veía con terror al médico filipino encargado de limpiarle la piel. Lo llamaba "El Verdugo" y decía todas las malas palabras que sabía cada vez que lo veía entrar a su cuarto para llevarlo a la curación. Luego de unos meses, Ariel reconocería la humana y difícil labor de Lietber y se despediría de él con lágrimas de agradecimiento.

Espacio Cuattro

Estuvo cuatro meses hospitalizado en Estados Unidos, los primeros 21 días en

CLICK TO DONATE A CAR TO BSTTW

una lucha sin cuartel entre la vida y la muerte. Siempre con el respaldo económico de Joaquín y Emilio Arizpe de la Maza, empresarios saltillenses a los que se declara agradecido infinitamente y quienes son dueños de un rancho de vacas lecheras que en ese tiempo Ariel administraba.

"Sin el apoyo de ellos no habría podido nunca pagar la atención médica de primer nivel ni los injertos que costaron 70 mil dólares en cada brazo. Fueron por lo menos 11 cirugías, más todas las de reconstrucción que me fueron haciendo después".

Ambos brazos fueron revestidos con piel de su muslo derecho y de su cabeza. Y las piernas, que se le reventaron en canal por el calor del fuego, le fueron selladas con piel de donante cadavérico.

DE NUEVO A LA VIDA

A los 42 días de que fue recibido en el hospital norteamericano empezó a intentar bajarse de la cama, pero le tomó un mes más poder dar los primeros pasos. Le separaron los dedos, se los revistieron de piel y recobrar su movimiento fue la mayor tortura: después de dos meses apenas los movía unos milímetros. Le tenían que poner velcros para que se le mantuvieran separados. Le daban pelotas de esponja y horquillas para que los rehabilitara.

"Luego el médico dijo que si lo mío era tocar la guitarra, pues que me cambiaran las esponjas y horquillas por una. Así que una guitarra fue mi objeto de rehabilitación y de terapia".

Después de cuatro meses de aquella mañana terrible estaba de regreso en Saltillo, debiendo usar todo el día durante 18 meses un traje especial, apretado y regenerador de piel.

Sus orejas y nariz quedaron muy grandes porque el cartílago se volvió gelatina con el calor del incendio. Pero cirujanos plásticos mexicanos hicieron la magia de devolverle su apariencia.

También recibió cirugías en sus manos para ganar movimiento, una vez que pudo comenzar a mover los dedos, pero Ariel lloraba porque no lograba coordinar ni una sola tonada. Tenía dentro de su
cerebro toda la técnica, pero sus dedos no lo dejaban ejecutarla. Era mucha impotencia.

Meses alargados le costó ir logrando los tonos, luego algunas melodías cortas que le hacían sangrar los dedos, después ocurrió el milagro: pudo comprobar con su oído exigente que había logrado superar al músico que antes fuera.

"Supe que Dios había estado a mi lado en todo momento, que me hizo recibir la ayuda oportuna de amigos que quiero mucho, de tanta gente que me apoyó para levantar mi autoestima, y porque me permitió regresar a la vida poco a poco y volver a tocar la guitarra. He tenido muchas bendiciones luego del accidente, por eso ahora le agradezco a Dios que me escogió para esto".

SU MISIÓN HOY

Estando hospitalizado en Estados Unidos, Ariel fue contactado por la organización internacional The Burn Survivors Throughout World (BSTTW), que tiene la misión de brindar apoyo para reconstruir la vida de los sobrevivientes de quemaduras y sus familias, y se volvió miembro activo de la misma.

El director de la asociación, Michael Appleman, le hizo llegar a Ariel un poema escrito por una joven quemada que lo hizo reflexionar y decidió ponerle música y hacerlo una canción que hoy en día ha grabado en inglés, español, en versión instrumental y en versión acústica. Se ha convertido en el himno de la BSTTW y la venta del disco está permitiendo fondos para gente quemada en recuperación.

"Es muy importante fijar la mente en un objetivo que al principio puede ser confuso pero con el tiempo se va aclarando. A mí desde el principio pensar en mis hijos Ariel, Daniela y Hernán y en que podría volver a tocar la guitarra me ayudó a tener paciencia, a recuperar mi bienestar emocional y cooperar para mi recuperación en los dolorosos tratamientos.

"Creo que la gente afectada por un incendio no se debe menospreciar, descuidar o perder su camino, toda la gente que he conocido por medio de la BSTTW me ha ayudado a capitalizar las vivencias de mi accidente y de mi dolor, así que me siento muy contento y voy por más si Dios me lo permite".

DISCLAIMER
Copyright © Burn Survivors Throughout The World, Inc.